sábado, 29 de agosto de 2009


Fue en ese instante, el instante que hay entre la vida y la muerte, cuando se dio cuenta de que a pesar de todo lo que había tenido solo había sido feliz en sus primeros años de vida, cuando su madre aún pasaba los días a su lado, antes de que lo abandonara.
Las reuniones de negocios, las celebraciones alargadas hasta la madrugada, su gran fortuna, sus doce esposas cien veces operadas, sus mil amantes, las más hermosas jamás imaginadas, no sirvieron para llenar el vacío que siempre sintió en la boca del estómago, porque después de todo no tenía nada.
Y creyó cruzar la línea, allí la vio, siempre con esa sonrisa perfecta que le hacía pensar que era eso, perfecta pero había algo más, en sus ojos ya no había el brillo especial de antaño, cuando se fijó en ese detalle su sonrisa le pareció hueca. Se acercó a ella, no sabía que hacer, no hizo falta, ella fue acercando su mano hacia la suya.

-Mama.-Logró pronunciar, sintió las lágrimas rodar por sus mejillas.

La mujer fue desapareciendo poco a poco, intentó cogerla pero ella se soltó y sintió dolor en el pecho que duró apenas tres segundos.

-Ha fallecido, lo siento.-El médico puso la mano en el hombro a la anciana mujer que asintió triste pero no lloró, sentía una pena por la perdida pero apenas recordaba momentos felices junto a ese hombre que alguna vez había sido un niño, el suyo.



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